LETRAS CON ARTE

Rosario Guerrero (México)       Título: Eres mi playa


         No hace falta que cada día me digas “te quiero”, solo son dos palabras que sin contenido no valen nada. Lo que importa es que en mi soledad y amargura estuviste a mi lado. Callado, abrazándome y dejándome llorar hasta vaciar el alma del dolor.
         Eres mi playa donde la ola, que soy yo, encuentra su remanso de paz. Te amo y no es neciamente, es porque me enseñaste que en la puerca vida no todo es mala suerte.
         Mi vida ha sido dura y triste. Doliente, como lo es que te toque ir de salmón luchando contra corriente sólo por un momento de placer o simplemente sin goce, únicamente cumpliendo el objetivo que los demás han decidido para ti, después mueres.
         Te conocí en la playa. Fue aquel verano especial cuando solita disfrutaba de la arena y el mar.
         ─Perdone esa toalla es mía.
         ─¡Huy!, disculpe pero ya ve que no la he usado, se ha quedado prendida de mi bolso. Hoy hace mucho viento.
         ─No pasa nada. Dispense pero me he dado cuenta que está sola.
         ─Se dice que: “mejor sola que mal acompañada”.
         ─¿Malas experiencias?
         ─¿Quién no las tiene?
         ─Cierto. Mi novia a dos meses de la boda se marcho con mi padrastro. Dos dolores: el de mi madre y el mío.
         ─¿Cómo está tu madre?
         ─En la clase de yoga. Yo preferí disfrutar de la inmensidad del mar.
         ─Mi chico decidió que con treinta y seis años no valía tanto como una de veinte y se casó hace un mes con ella.
         Cuando me di cuenta estábamos sentados uno al lado del otro mirando el horizonte. De repente las lágrimas comenzaron a brotar y terminé entre sus brazos sollozando.
         ─Por lo visto dos corazones rotos se han unido.
         ─Lo que una toalla ha unido que no lo desuna el hombre…─. Fue lo que se me ocurrió decir ya calmada.
         ─¿Quedamos esta noche para cenar?
         ─¿Cenar y…?─Estaba harta de ligones.
         ─Luego… lo que quieras, pero te advierto que tengo que llevar a la cena a mi mamá, jamás la dejaría sola en su tristeza.
         ─Vale. ¿En el hall a las 9. Perdona a las 21?
         ─¿Con mi mamá? ─Me encantará conocerla y hablar mal de los hombres.
         Después de aquella cena nunca nos hemos separado. Desde entonces él ha seguido siendo mi playa, mi arena dorada donde amar con la seguridad de no ser traicionada.