LETRAS CON ARTE

Neith      Título: Errores con solución


   Cada vez que le miraba pensaba que todo había acabado pero él no decía nada y yo tampoco.
   Al percatarse de mis ojos fijos en su persona se acercaba y me besaba. No sentía nada, absolutamente nada. ¿Alguna vez fue diferente? ¿Alguna vez sentí la necesidad de sus mimos, caricias, consideraciones? No, lo cierto es que no.
   Hace tres años de hacer oficial lo nuestro, la relación, y uno de aburridos, al menos por mi parte, de casados.
   La boda fue tradicional. Entretenida como lo suelen ser casi todos los festejos. Vestido estilo princesa Disney, realmente no sé si era vestido o disfraz. En la ceremonia había tantos invitados que incluso creo que a muchos ni los conocía. Un día y noche de vorágine.
   El viaje de novios fue excitante. Toda la vida desee ir a Tailandia y con la justificación de la boda lo logré. Yo lo prepare, él solamente decía que si a cuanto le proponía. Rutas, visitas, actividades…, en teoría, porque lo cierto es que ya lo tenía todo, sólo lo actualice. Años de anhelar ir a mi lugar soñado y lo cumplí.
   No hubo sexo porque el día se hacia corto para tanto que ver. Llegábamos tan cansados que tras cenar en silencio, viendo cada uno por su lado las fotos tomadas con nuestros móviles, subíamos a la habitación y tras una ducha rápida nos quedábamos profundamente dormidos.
   Cuando todo termino y la rutina ocupo su lugar hice lo que tocaba, asumir el error.
   El grupo de amigas preparamos para otra la despedida de soltera, en el local conocí a… ¿qué importa el nombre?, lo trascendental es que se trataba de él. El verdadero amor. Lo sé porque todas las alertas de mi cuerpo se dispararon.
   Nos acercamos y simplemente entablamos dialogo. Me enamoré, nos enamoramos. No fui infiel físicamente pero si mentalmente.
   Hoy ha llegado el momento de la verdad tenía que decírselo, quería acabar con la farsa.
   Escuche la llave, tomé un sorbo de vino y seguí sentada esperando su aparición.
   ─Hola mi amor, ¿qué tal el día?
   ─Tenemos que hablar.
   ─¿Qué te sucede?
   ─No te amo, creo que nunca te ame.
   ─Gracias por comprenderme. Amo a Juan y soy correspondido aunque tardó en reconocerlo.
   ─¿Juan?
   ─No te equivocas, tu hermano. Nunca quiso reconocerlo pero hace un mes que mantenemos una relación.
   ─Me he enamorado.
   ─Yo también.
   ─¿Entonces?
   ─Ahora toca ser felices, ¡por fin!