LETRAS CON ARTE

Neith       Título: Veranos

          Aquel verano, Aquellos veranos…, recuerdo con nitidez aquellos veranos porque fue la estación en que cambio notablemente mi vida.
          El calor era prácticamente insoportable, ola de calor decían todos los profesionales de la meteorología. Por esa razón se podía decir que vivía en una burbuja; del apartamento refrigerado, al coche climatizado y de este a la oficina con aire acondicionado.
          Siempre aborrecí el calor y sigo odiándolo, lo que para una gran mayoría significa tiempo de actividades al aire libre y disfrutar de más horas de luz para mi era y es puro fastidio ya que tampoco me gustan los ambientes refrigerados.
          Si tengo que decir algo bueno del verano es que disfrutaba, si por desgracia es pasado, mucho cuando la ciudad se quedaba bastante despoblada por las vacaciones pero cada vez se ha ido notando menos ya que el turismo ha aumentado gradualmente. Se van los mismos que vienen.
          Aquel verano quede parada en medio del escaso tráfico. El coche tuvo una avería que a día de hoy sigo sin comprender porque lo había adquirido hacía tres meses y era de alta gama. Con tremendo fastidio salí del coche y el calor me golpeo de inmediato haciendo que comenzase a transpirar. Cogí el teléfono para llamar al seguro y que me enviasen una grúa. Todos tocaban el claxon como si fuese un capricho mío estar ahí parada bajo el sol abrasador.
          De repente un bello ejemplar masculino estaba a mi lado.
          ─Sube y ponlo en punto muerto para que pueda empujarlo hasta orillarlo.
          ─No se preocupe que…
          ─Hasta que venga la grúa si sigue aquí va a tener que soportar la ira de todos los conductores. Déjeme ayudarla.
          Desde entonces nuestra relación duro 8 años. El salvador se convirtió en verdugo en cuanto nos casamos. No, nunca me golpeo pero no le hizo falta para destruirme. Mi vida se convirtió en un infierno. Me obligo a dejar el trabajo para dedicarme por completo a él.
          Llego un nuevo verano y fuimos, como todos los años, a la playa de vacaciones. Él decidía yo simplemente obedecía, así año tras año.
          Estaba en la playa tumbada bajo la sombrilla con la piel quemada. Mientras él nadaba exhibiendo su magnifica forma física cuando de repente la gente comenzó a gritar. Al levantarme y acercarme a la orilla vi una mancha de sangre y los brazos alzados de mi marido, alrededor suyo una aleta hacia círculos.