LETRAS CON ARTE

Javier Yagüe Criado      Título: Vivencias de Annual


   Mi ojo asomaba por el enorme agujero que había descubierto en la raída camisa del uniforme del ejército español que me habían entregado en el cuartel de Melilla, me estremecí al pensar que podía haber sido causado por la bala que mató a su anterior propietario y maldije la corrupción imperante en nuestro ejército desde el desastre del Barranco del Lobo en 1909.
   No me costó mucho como español alistarme en el ejército. Aquel verano de 1921 se preparaba una gran ofensiva, el General Silvestre, un héroe condecorado superviviente de la guerra en Cuba, quería acabar de una vez por todas con un conflicto que se había enquistado y que suponía cuantiosas pérdidas para las grandes familias terratenientes y empresas mineras en la zona del protectorado español.
   Atravesamos con destino al puerto de Alhucemas los diferentes caidatos en que se dividía el protectorado español, Silvestre era un hábil negociador, caía bién entre las cabilas, no hubo muchos enfrentamientos, aunque conforme nos alejábamos de Melilla, percibíamos una mayor hostilidad entre los habitantes, nos acercábamos a la zona más rebelde, barruntábamos que íbamos a ser recibidos a fuego y plomo, ojala hubiésemos comprendido lo acertados que estábamos. Nuestras tropas nativas, las denominadas tropas moras, se reunían entre ellos y cuchicheaban en su jerga tamazight, en las diferentes variantes dependiendo de la cabila, pero se entendían perfectamente al repetir una palabra común en castellano “traición”.
   Y así, cuando intentamos socorrer a los sitiados en la plaza de Igueriben desde nuestro cuartel de Annual atacados por Abd el Krim, el líder rebelde, un estudiante universitario amante de los usos y formas europeos que fue maltratado e incluso encarcelado por los españoles al intentar un acercamiento cultural, también se volvieron contra nosotros las armas de la tropa africana, estábamos en un infierno del que éramos objetivo de fuego externo e interno.
   Cinco días después atacó el grueso de las tropas rebeldes que nos desbordó, se produjo una huida en desbandada lo que hizo más fácil el exterminio por parte de los rifeños de todos los soldados, ellos no solían hacer prisioneros, salvo los oficiales para pedir rescate, el resto de la tropa era machacada. Defensas suicidas como las heroicas cargas del regimiento de caballería Alcántara, comandado por el teniente coronel Fernando Primo de Rivera, nos concedieron un valioso tiempo que al final no resultó ser suficiente para salvar nuestras vidas.