LETRAS CON ARTE

Juan Fran Núñez Parreño      Título: Una nueva oportunidad

         ―¡Eh, quietos ahí! ―gritó el vigilante al ver que dos polizones intentaban subir al barco por una escala atada al lateral.
         ―¡Oh vaya, nos han descubierto! Te dije que nos verían si subíamos por aquí y a estas horas a plena luz del día, será mejor que bajemos y lo dejemos para otro momento, por la noche será más fácil, si nos cogen y nos llevan a la policía estaremos una buena temporada a la sombra y será muy difícil volver a intentarlo porque estaremos fichados.
         ―Está bien, bajemos rápido y huyamos antes de que nos pillen.
         Los dos muchachos, de unos veinte años, habían estado planeando subir a ese barco varias semanas, no quedaban pasajes y aunque hubiese alguno no podrían pagarlo porque no tenían ni una maldita moneda, por tanto, la única forma era de polizones. Nada ni nadie les iba a quitar las ganas de cumplir el sueño de sus vidas, ir a la tierra de las oportunidades, ir a América.
         ―Esta noche, de madrugada, probaremos de nuevo por un lugar donde haya menos vigilancia e iremos rápidamente a las bodegas para escondernos allí hasta que zarpe el barco. Mañana por la mañana saldrá temprano, así que si no lo conseguimos tendremos que esperar varias semanas a que parta otro en el que podamos colarnos y permanecer en él sin ser vistos.
         Pero su segundo intento de alcanzar el puente hacia sus sueños también fracasó, fueron sorprendidos justo cuando el barco comenzaba su viaje, y tuvieron que saltar al mar para no ser apresados. Al llegar a la orilla del puerto, sólo pudieron ver como el barco partía sin ellos rumbo al continente de sus esperanzas e ilusiones.
         ―Bueno compañero, tendremos que trabajar duro e intentar ahorrar el dinero suficiente para poder comprar nuestros pasajes, o para poder sobornar a alguno de los vigilantes para que nos ayude a subir a otro barco. Al menos aún estamos vivos y tendremos una nueva oportunidad de viajar dentro de unas semanas, no desesperemos.
         ―Llevas razón amigo, pero de haberlo conseguido hoy, ese barco habría cambiado nuestras miserables vidas para siempre, seguro.
         Poco a poco, lentamente, el barco se distanciaba de la orilla, hasta que llegó un momento en que ya no se distinguía el nombre de esa magnífica máquina de surcar mares, y ya nadie alcanzaba a leer “Titanic”.