LETRAS CON ARTE

Úrsula M. A.      Título: La leyenda del bosque

         El sitio que eligieron para acampar era del agrado de todos, señal de que Pedro conocía esos lugares como la palma de la mano. Diana revisó las fotos que hizo por el camino. Lucía suspiró, cansada de la retahíla de pullas entre Marcos y Javier. Tratando de acabar con la guerra causada entre ellos, el veterano intervino sin dudar.
         —Si estuviéramos en los tiempos que viví a vuestra edad, no os sentiríais tan seguros.
         — ¿Por qué? ¿Había osos aquí? —quiso saber Diana.
         Pedro hizo una breve pausa, suficiente para que los niños percibieran cierta intriga en sus ojos.
         — ¿Qué tal una historia de fantasmas?
         Todos amontonaron leña para hacer una fogata. El guía cortó y vertió en un caldero los ingredientes para la cena, que dejó cocinándose sobre el fuego. Cuando se sentó a la lumbre, los demás le imitaron y se mantuvieron en silencio. Después de hacer un barrido con la mirada, comenzó a narrar.
         —Hace mucho tiempo, en este mismo bosque, dos hombres huían con el botín que habían robado. Pero uno era avaricioso, y del forcejeo, el otro se dio de cabeza contra un tronco. Fue tal el golpe que no respondió. El primero, preocupado, le enterró sin más. Sintió tanto terror que le dio por muerto.
         Los niños escuchaban atentamente. Pedro continuó.
         —Sin embargo, el desafortunado estaba vivo. Y cuando despertó, salió de la tierra como si un impulso le hubiera colmado de energía. Había pasado tanto tiempo enterrado que, además de la tierra impregnada, su aspecto era aterrador. Localizó a su traidor, quien fuera a donde fuese, le veía o sentía de cerca. Creyó estar a salvo en casa, pero se dio cuenta de su error al descubrir un rostro de ojos aterradores pegado a una ventana.
         Tras oír esas últimas palabras, a los oyentes se les escapó un grito de horror.
         —El culpable no tuvo agallas para plantarle cara. Temiéndose lo peor, salió por la puerta de atrás a todo correr mientras gritaba como un loco. No se volvió a saber de él.
         — ¿Cómo pudo el desafortunado resistir sin comer ni beber? ¿Y cómo tendría fuerzas para seguir al otro? —preguntó Javier.
         —Las leyendas son leyendas —señaló Marcos.
         Todos rieron mientras Pedro servía la comida hecha en la hoguera.