LETRAS CON ARTE

Cayla (azareno, Boyeros, La Habana, Cuba)      Título: El hoy y la mañana

         Ulises corre desaforado lo más lejos posible de la poza donde creyó ver salir un monstruo. Recuerda la entrada semi oculta de una cueva y se introduce a rastras. Una vez en el interior de la misma con algunas ramas secas inicia una fogata.
         Sentado en el suelo y la cabeza entre las rodillas trata de relajarse y entender lo que había sucedido.
         Días antes su actuar de mala fe hizo que desaparecieran una pareja de flamencos, los primeros en llegar después de los estragos de un ciclón que arrasó con la ciénaga afectando seriamente el hábitat de muchas especies silvestres.
         El poblado se reanima poco a poco y la fauna llena de colores y bellos sonidos el entorno.
         Ulises perdió sus bienes y culpó a todos de su desgracia por lo que arremetió contra las joyas naturales de la zona de mil formas posibles para que la felicidad no se afianzara en el caserío.
         Un chisporreteo, y otro dieron lugar a una llama gigante que se transformó en un hermosísimo flamenco. El hombre ante tan inesperada visión y sin salida inmediata quedó boquiabierto al tiempo que una dulce voz salida de aquella aparición así le habló:
         —Buen hombre ¿Qué ha pasado contigo? sabemos de tu pérdida material, pero estoy aquí para que cambies de parecer. Deja que la tibieza del fuego alimente tu corazón. Sanará poco a poco con buenas acciones. Hoy la impotencia y la ira te consumen, mañana el amor que sientes por los semejantes y la naturaleza te harán crecer ante las dificultades. Pasa la noche aquí. Tendrás una sorpresa al amanecer.
         La fogata se fue extinguiendo y llevó consigo el dolor del desdichado. Con el alba Ulises se encamina al manglar y para sorpresa suya, aquello que la noche anterior era un monstruo resultó ser un gran nido artificial que habían construido los chicos en medio del lodazal para atraer a los flamencos. Con pasos lentos, pero seguros se acerca a un grupo de trabajadores que levantan las primeras casas, entre ellas la suya.