LETRAS CON ARTE

Benedicto Martínez Hernández      Título: Rosas y perlas

         Una vida medio rota de tan usada, un soplo fugaz. Un alma en pena, sin pasado, sin recuerdos, sin voluntad. Todas las mañanas se sienta, pegada su vieja cara al cristal. Tan sólo espera. Se fue la memoria, quién sabe cuándo, y desde entonces espera. Y sueña con rosas y perlas, y rostros color sepia perdidos allá entre las estrellas. Todas las mañanas dolores y andares cansados, albornoz de franela y alpargatas de paño. Todas las mañanas el viejo de pelo cano.
         No llegan, los míos no llegan, qué desazón…
         Nada en la ventana, la trasparencia abruma. Como un pasajero ligero de equipaje vaga por este mundo, tan lejos de aquel donde viven los recuerdos que se van uno a uno... Advierte sus manos, arrugadas y huesudas. Viejas y temblorosas manos de viejo, de pecas ahítas, manos que sufren por esta rigidez que lacera. Con ellas el pan se había ganado la vida entera, mas ahora, confuso y necesitado, ya ni abrochan un botón. Y se palpa torpe la boca, su boca de viejo, que responde con feroz lamento.
         ¿Dónde está mi mujer? ¿Y dónde mis hijos? Tardan tanto... ¿Habrá mayor tormento?
         Pasan las horas, como siglos eternos. Efímeros instantes, tan rápidos, tan lentos. El ansia, la demora…, la niebla cae y desvanece su memoria. Es tan sólo un leve momento, un plácido duermevela que entre dos mundos camina con paso marchito, incierto. Alza la vista, alrededor la vida se atasca. Una residencia hostil, rebosa almas errantes, almas gemelas. Así que el olvido era esto, en un sueño perseguir sombras a ciegas…. La mísera realidad se abre paso y el desaliento prospera.
         Y no llega, maldita sea, la familia no llega. Una señal busca entre sus cosas, y para su desconsuelo, lánguida brota. Piezas de un rompecabezas que empieza a entender. Una rancia esquela mortuoria que duele, tiene nombre de mujer. Y una foto que huele a rosas, collar de perlas al cuello, es su trémula esposa. Por detrás una dedicatoria postrera con letras borrosas por las lágrimas secas.
         Te quiero. Un beso por los hijos que tanto deseabas y nunca te pude dar.
         Y esperará mañana y siempre tras el cristal, pero hoy…, hoy revientan los recuerdos. Un beso, la foto, el olvido… Brillan las lágrimas como brillaron las perlas. La memoria escuece y no, ya no huele a rosas.