LETRAS CON ARTE

Javier Yagüe Criado      Primer advenimiento de los espectros

         No podía evitarlo, los músculos de mis piernas, mis huesos no respondían mis órdenes, con mis manos intentaba pararlas pero era un esfuerzo vano. Sin poder evitarlo me dirigía atravesando yermos desolados hacia algún sitio desconocido. De repente mi cuerpo se arrodilló entre miles de seres humanos, tal vez millones, en torno a una extraña nave espacial. Emitía un brillo siniestro y una vibración espectral nos obligaba a mirar fijamente.
         Miles de seres monstruosos comenzaron a descender por una rampa, en principio podrían parecer seres humanos, pero sus bocas eran mucho más grandes, llenas de dientes afilados, se trataba de siniestros carnívoros y sus ojos rojos rezumaban continuamente una pasta amarilla y un humo pestilente.
         Se acercaron a los humanos, primero los miraron en silencio mientras acariciaban sus rostros y cogían sus cabezas, repentinamente como obedeciendo una orden mental gritaron, rugían mientras con violentos tirones comenzaron a arrancarles las cabezas, sus víctimas gritaban desoladas intentando separarse de ellos pero no podían hacer nada, sus intentos de zafarse ayudaban a los espectros en su cometido.
         Comenzaron a beber su sangre, primero la que caía de las cabezas, luego, como si de buitres se tratase, aquellos repugnantes seres introducían sus fauces en los cuerpos inertes, uno tras otro, ya los tengo muy cerca, no puedo mover mis piernas, tan sólo mis manos para escribir y mis pulmones para gritar.
         (Escrito en un teléfono móvil encontrado entre los restos de las victimas tras la primera explosión nuclear)