LETRAS CON ARTE

Paulino García      Título: La Casa Verde

         Aquella señora descubrió en mi rostro la necesidad de rentar una casa.
         Recién llegado era una tentación el precio a pagar, la zona tranquila, cerca de las escuelas y los comercios. Decidido hice una oferta buscando un descuento, fue aceptado. La dueña, al conocer que tenía tres niños impuso una condición: no abrir la puerta de la casita del patio.
         Nos mudamos el domingo. Al atardecer llamamos a la familia para darles la noticia. Se pusieron muy contentos, las niñas no querían desprenderse del teléfono, eufóricas por la novedad. Salí a buscar al niño y lo encontré frente a la casita, absorto no contestó cuando lo llame. Insistí, levantó la mano señalando la puerta mientras decía: quiere salir. No entendí. Lo cargué y llevé a la casa.
         La semana pasó sin novedad, mas el domingo, cuando la niña pequeña se peinaba, el espejo se desprendió y la golpeó dejándola inconsciente. Al otro día por la mañana el niño tropezó con una puerta de cristal que estalló en pedazos, según él, estaba abierta y se cerró sola. Lo dijo en el hospital cuando despertó de la anestesia. También preguntó si me había cortado los pies, porque caminé descalzo sobre los cristales, detalle que yo no recordaba.
         En la tarde, un cable eléctrico se desprendió y cayó sobre mi esposa. Pude salvarla al golpear con una madera al conductor. Al anochecer, la otra niña se golpeó con la taza del baño que se despegó de la base. Tratando de arreglar la avería, rosé una mano con un saliente y me hice una herida por donde entró una peligrosa infección. El médico sentenció: si al amanecer el color negro del brazo no desaparecía lo cortaría. El antibiótico hizo su trabajo. Ordené a mi familia no regresar a la fatídica casa. Yo si lo hice para recoger nuestras pertenencias, pero antes de irme de aquel lugar embrujado, rompí la cerradura de la puerta de la casita del patio, al quedar abierta, sentí un escalofrío y como si un golpe de viento me empujara. Miré hacia el interior del lugar y descubrí una cuerda colgando. Busqué el historial de la casa en internet. El esposo de la señora que nos rentó se había ahorcado en ese lugar, dos días después que ella se suicidó. El cheque de pago del depósito regresó a mi antigua dirección porque la cuenta bancaria no existía. Esto no es ficción.