LETRAS CON ARTE

Ramon González Reverter      Título: El juicio de Sócrates

         Siempre me ha llamado la atención la vida de Sócrates (470-399 a.C.), el mejor filósofo de la antigua Atenas y uno de los más eminentes ciudadanos. Un sabio que al percatarse de lo limitado de sus conocimientos, le llevó a afirmar: "sólo sé que no sé nada". Sócrates vinculaba la sabiduría al reconocimiento de la ignorancia y dedujo que únicamente preguntando se podía alcanzar la verdad, mediante un método pedagógico en el que se hacían una serie de cuestiones con la finalidad no de obtener respuestas concretas, sino de hacer reflexionar al interlocutor acerca del tema. Además criticaba a ciertos sectores de la polis que sólo demostraban interés en adquirir honores y riquezas. Tales rifirrafes le granjearon numerosos enemigos. De hecho, fue sometido a juicio por expresar ideas contrarias a la ciudad y oponerse a la tiranía de Critias, bajo la acusación de emponzoñar la mente de los ciudadanos y corromper a la juventud con sus enseñanzas. Cuando la asamblea ateniense le condenó a poner fin a su vida, Eligió el veneno. En su celda estaba de buen humor, ansioso por reunirse con otros eruditos de su talla. Acompañado de sus fieles amigos y sus discípulos favoritos, Sócrates se bebió una copa de cicuta con impresionante serenidad mientras disertaba sobre la inmortalidad del alma, de lo que estaba convencido. Su vida se apagó como una vela. Fue una muerte dulce.
         Como el ilustre filósofo griego, es digno de encomio todo aquel que se mantiene firme en sus convicciones, defendiendo a ultranza sus ideas, incluso a sabiendas que su ahínco puede acarrearle funestas consecuencias. Es un ejemplo claro e irrefutable de cómo los poderes fácticos ridiculizan y desprecian a los "amantes del saber". Y si no consiguen acallar las peroratas de su voz, no titubean en enviarlo al otro barrio. Preguntar demasiado, sobre todo cuando hay gente poderosa implicada, era peligroso antes y… sigue siéndolo ahora.