LETRAS CON ARTE

Paulino García      Título: Avecillas Libres

         Aquel verano de tardes con el cielo coloreado de matices rojos y calientes corrientes de aire, se quebró un barrote de la jaula y escaparon por miles las palomas cautivas. Mas el viejo palomo padre, quedó prisionero en aquella cárcel de límites fijados por los mares, mas sintió placer de ver volar alegres entre las liberadas, sus más preciados tesoros. Sus avecillas del alma volaron y sus ojos perdieron el brillo de espejos que reflejaban ternuras, cambiando por el resplandor opaco del miedo y la angustia.
         Aquel verano quedó grabado para siempre en el recuerdo, sus últimos juegos ante unos ojos nublados por el llanto, quizás como el de un gorrión que ha perdido el nido. Se fueron, revoloteando como golondrinas viajeras y curiosas por conocer otras playas y otros cielos iluminados por el mismo sol, pintor de un arreboles encendidos, pero nunca como los de la isla cautiva.
         Pasaron muchos años con sus veranos coloreados para otros cielos, pero para el palomo no dejaban de ser otoños grises llenos de espantos y nubladas luces de sueños de aves prisioneras del capricho de buitres sedientos de lágrimas. Un día, una tarde, o una noche, porque todo era lo mismo, de igual sabor a tristezas y deseos reprimidos; sintió un canto de pájaros alegres revolotear sobre su techo, e identificó entre aquellas recién regresadas, la más pequeñas de sus avecillas liberadas, quien se acercó y le dijo: tu jaula no es tan fea como han dicho, solo necesita un poco de reparos y pintura, mas yo puedo ayudar, tengo solvencia, y ayudó al buitre con recursos para reparar la jaula que encerraba al padre.
         Las ansias de libertad nunca murieron, porque una jaula aunque de oro es un encierro, y el viejo palomo no desistió en su empeño, por lo que introdujo entre barrotes del techo su pescuezo, para dejarse caer y su cuerpo envejecido colgara hacia el vacío, dejando libre su alma del encierro.