LETRAS CON ARTE

Dolores Asenjo Gil      Título: Una segunda oportunidad

         −Mamá ¿estación es una palabra polisémica?
         −Sí, cariño. ¿Cuántos significados conoces?
         −Estación de autobuses, de tren y estación de primavera, verano, otoño e invierno.
         −Muy bien. Yo conozco otra más, una estación espacial.
         −¿Hay estaciones para coger cohetes espaciales?
         −No exactamente. Verás, la estación espacial internacional es como un laboratorio que hay en el espacio. Allí los astronautas hacen investigaciones.
         −Ah, que estación más rara. Mamá ¿Y cuál es tu estación del año favorita? La mía es la primavera. Me encanta que todo se llene de flores y de pájaros cantarines.
         −La mía antes también lo era. Pero desde hace unos años es el verano. Me gusta estar de vacaciones y tener más tiempo para estar contigo. Además, es la estación en la que tú llegaste.
         −Mamá cuéntame otra vez esa historia, por favor.
         Carmen sabe que no estuvo en la barriga de su madre. Que ésta fue a buscarla a un país lejano. Primero le enviaron una carta con una foto suya. Sabe que su madre empezó a quererla cuando vio esa foto. Después, tuvo que esperar muchos meses hasta recibir otra carta que la invitaba a ir en su busca. Ella era muy pequeña y no recuerda nada.
         Ana relata, una vez más, la historia en la que se fraguó ese vínculo que las unirá para siempre. Resume la larga espera y la preparación del viaje y se centra en las vivencias compartidas. El llanto copioso del primer día. La destreza con la que tomaba sola el biberón. La curiosidad con la que lo miraba todo, desde su sillita de paseo. Lo pronto que se adaptó al contorno de su regazo.
         Ya en casa Carmen encuentra varias bolsas en su habitación.
         −Mamá ¿Qué tienen estas bolsas?
         −Ah, es ropa que te ha quedado pequeña y que vamos a llevar a la asociación. Está en perfecto estado y puede ser de provecho para otras personas. En la bolsa más pequeña hay libros y juguetes que hace tiempo que no utilizas ¿podrías echarle un vistazo? Quizás me he pasado haciendo limpieza.
         −Este peluche no –Carmen lo abraza con teatralidad− le tengo muchísimo cariño. ¡Es tan suave! Ana gira la cabeza para ocultar sus ojos mojados por la emoción. El peluche, un simpático oso azul celeste, lo compró el día que recibió la fotografía de su hija.