LETRAS CON ARTE

Diego Javier Celdran      Título: Percepciones en el tercer mundo


   Influenciado por el llamado ecologista y motivado a cuidar el planeta, decidí aparcar mi automóvil por tiempo indeterminado. En su lugar, me montaría a mi vieja bicicleta, como único medio de transporte. Dejaría las avenidas y calles principales, para moverme por lugares alternativos, sin tanto tráfico. Comencé a desplazarme por mi ciudad en bicicleta. Ingrata sorpresa experimenté. En dos ruedas y tracción a sangre, todo se vuelve más lento y cansino. ¿Quizás el tiempo se detenga? Hasta aquí, lo lento no sería un problema. La lentitud se vuelve tragedia; cuando nos permite experimentar otro mundo, que permanece oculto de las avenidas principales y a resguardo de la velocidad de nuestro carro. Un mundo lleno de dramas y miserias. Observo lugares sórdidos, basura acumulada, calles rotas, líquidos cloacales que anárquicamente se mueven por la calle fingiendo ser olas en el mar. Agudizo mi mirada y ante mí se presentan largas filas de desocupados que pugnan por algún trabajo mediocre, con un sueldo de condena. Presto atención y distingo preocupación y angustia en la cara de mis conciudadanos. Centros de salud abarrotados, afloran como parte del paisaje. Masas de mendigos de pan y afecto deambulando sin rumbo. Escuelas que parecen prisiones y de la que solo egresan expertos en apatía. En una cuesta que me dificulta avanzar, mi mirada se posa en una vieja iglesia. Completamente enrejada, blindada diría, que aleja a Dios de los saqueadores y a su vez no permite que se filtren las plegarias de los carenciados. En el trayecto oigo conversaciones vacías, que se asemejan más al ruido ambiente que a un esbozo de dialéctica. Parroquianos preocupados por billetes extranjeros verdes, que en su vida han visto. Solo les interesa experimentar vidas ajenas. Detenido en un cruce, que la desconsideración de los automovilistas hace peligroso, diviso a lo lejos las oficinas municipales. Destilan corrupción, huelen a desgano y desidia. Reflexiono y pienso: sus integrantes representan a la perfección nuestra clase política, ladrona de ilusiones. Necesito pedalear con todas mis fuerzas y cambiar el rumbo. ¿Estoy huyendo? ¡Si lo hago! En escasos veinte minutos estoy en la cochera, retiro mi automóvil. Que me perdone el cambio climático… prefiero vivir mi vida de ficción, viajando en carro, donde no hay demasiado tiempo de experimentar la realidad…