LETRAS CON ARTE

Carlos Rosal Matas      Título: Una llama al viento

         Aquel día 24 de Junio, podría haber sido como cualquier otro. Pero reuní el valor, la determinación y la sensatez necesaria para mirarle a los ojos, y de una vez por todas, apostar todo a la carta del “Para siempre”.
         Ella aceptó, pero yo sentía que no era suficiente, que debía atesorar aquella promesa en un acto de incalculable devoción, de incorruptible vigencia, dónde nuestras almas pudieran por siempre al destino decirle, que esta era una unión tan fuerte, que ni el mas loco enamorado se atrevería a imaginarla.
         Como si de un regalo del destino se tratara, encontré un arrugado pero limpio papel en mi bolsillo izquierdo. Al derecho un sucio y desgastado encendedor, de color verde. Verde como sus ojos, como las hojas de los árboles que vestían nuestro jardín, en mis sueños. Que curioso es el destino…
         En ese momento, una idea irrumpió en mi cabeza. Prendí el papel, no sin antes proponerle un reto…
         —Prenderé este papel, en señal del fuego puro y majestuoso que siento en mi interior, al encontrarse nuestras miradas.
         —Lo lanzaré al abanico de esta oscura pero vestida noche estrellada, en señal de el volar de mi alma, al sentir tu corazón latir junto al mío.
         —Y te propongo que intentes apagarlo con tu respiración antes de que este toque el suelo. Cuando lo consigas, solo cuando lo consigas, podrás romper este vínculo que nace hoy y aquí, en los estertores del anochecer, en esta playa cualquiera.
         Para mi sorpresa, ella observó el papel elevarse, giró su precioso rostro, posando una mirada solemne en mí y me regaló una sonrisa…
         Desde esa noche prometí, encender una llama en el viento cada 24 de Junio, para declararle al mundo que nuestro amor no ha muerto.
         Por desgracia, el cáncer decidió arrebatarme mi tesoro mas preciado, la princesa de mi cuento, la flor que sin regarla, crecía alta y brillante en los primeros abrazos del sol en la mañana.
         Mi acto se convirtió en costumbre, no solo para mí, sí no también para los que oyeron mi historia, y más tarde para todos.
         Cada día 24 de Junio, la gente enciende llamas en el viento, solamente para que ella una vez mas y ahora desde la bastedad del cielo me regale una nueva sonrisa.
         Ni siquiera la muerte apagó aquel arrugado papel...