LETRAS CON ARTE

Francisco Javier Guerra del Río      Título: La caja de lata

         Coge del estante superior del armario la caja de lata continente de viejas fotografías, retratos de varias generaciones persistidos por la magia que la conjugación de los haluros de plata y la luz es capaz de obrar sobre un papel sensible. Son recuerdos contenidos en un instante, congelados en una pose perpetua…
         La tarde, como está lluviosa, es idónea para arremolinarse en el sofá, al abrigo de la chimenea, para reverdecer la memoria.
         Muestra las fotografías a su hija, que apenas frisa los seis años. Va pasándolas una a una acompañando cada imagen con la disquisición pertinente sobre quién fue el retratado o quién la retratada…La caja de lata es como una fosa común, como un nicho familiar donde, los que ya se marcharon, aguardan a ser rememorados algún día, tal vez una tarde lluviosa de invierno…
         Al poco la pequeña parece hastiada de tanto congénere desconocido, pero, sin embargo, se interesa sobremanera por una fotografía en concreto. Se trata del retrato de una anciana de rostro bonancible y pelo cano que lleva graciosamente recogido en un moño circundado por jazmines.
         La pequeña se adelanta a la explicación materna sobre su identidad, para afirmar contundente que la señora de la foto es su abuela.
         Un tropel desborda a su madre que sonríe con la foto apretada contra su pecho. De repente la sonrisa se curva con proyección descendente y un casi inapreciable temblor en los labios nos revela que, en ese preciso instante, está recordando el día en que falleció la mujer del retrato. Todo esto sucede en menos de un segundo, lapso que ha necesitado para reaccionar con sorpresa ante tan rotunda aseveración por parte de su hija, a quien pregunta que cómo sabe que se trata de su abuela si no la conoció ni vio nunca ninguna foto de ella.
         La niña, con renovada determinación, afirma que lo sabe porque vino anoche a arroparla, le dio un beso y le dijo que era la abuela.
         Justo en ese momento un soplo cálido agita sus cabellos dejándolos perfumados con una agradable fragancia de jazmín.