LETRAS CON ARTE

Laura Santestevan Bellomo      Título: Aquel verano

         Aquel verano, como otros, caminaba por la orilla de la playa con los pies sumergidos en las olas que rompían suaves, acariciadoras, con murmullo rítmico y sereno. A mi lado mi tía Perla me enseñaba diferentes piedritas y caracolas de todos colores, texturas y formas que traía el mar y quedaban allí, hamacándose y transformándose tenues en cada oleada. Recordaba vagamente los poemas y el suicidio de Alfonsina Storni que aprendíamos en la escuela.
         Perla me enseñó a identificar las caracolas explicándome su origen, cuando constituían otra forma de vida. Me enseñó, lo recuerdo bien, a escuchar el ruido del mar dentro de las caracolas. El mar seguía vivo en aquellos caparazones muertos.
         Un día aparecieron aguavivas. Otro, peces extintos. La tercera, un cachalote. Estaba herido. No pudimos hacer nada por él.
         Otra vez vimos que el mar traía una carga blanca, que se acercaba al ritmo de las olas. La gente se acercaba al mar. Impresionados, querían ver qué era.
         Entonces yo lo vi. En medio de la masa blanca y putrefacta, se distinguía una cabellera oscura, grasienta, larga, enredada. Y un short de baño. En unos pocos minutos, el cadáver humano llegó hasta el piso de piedras de colores inverosímiles, restos de animalillos acuáticos y escamas sueltas.
         Algo se habló, pero la gente, incrédula, horrorizada, decía poco y nada. Hasta que alguien fue y avisó a Prefectura.
         La playa quedó vacía.
         A los pocos días volvimos a ir. Y apareció primero otro cuerpo. Y otro más.
         “Son presos políticos”, decían algunos por lo bajo.
         “Son argentinos a los que trajo la corriente”.
         “No puede ser”, decían otros.
         El marido de una prima, militar de carrera, increíblemente bien recibido (por aquel entonces, luego las cosas cambiaron) en una gran familia de izquierdistas no militantes, le dijo a mi padre algo así:
         “Sí. Los tiró la Armada Argentina. Están haciendo ese tipo de maniobras. Pero no era para que aparecieran acá”.
         El marido de mi prima conocía muy bien el Plan Cóndor, eso se supo con los años. Que los tiraban de los aviones.
         Lo que nadie dijo jamás, y yo nunca pregunté, es por qué esos hombres iban vestidos de bañistas. ¿O a mí me lo pareció?
         Pero yo los vi. Los vi y los recuerdo, y no sé qué hicieron con ellos.
         ¡Si ni siquiera sabemos qué hicieron con miles de miles, del lado argentino y del nuestro!