LETRAS CON ARTE

Paulino García      Título: La Vía

         Siempre que mi padre regresaba del cuartel me llevaba a tomar jugo de caña. En una ocasión le dije que quería dos vasos de la refrescante bebida, a él le extrañó porque era demasiado para un niño de seis años, pero accedió, tomé uno y se lo alcancé a un anciano que se encontraba sentado en la acera, los allí presente elogiaron mi acción, y dijeron que yo iba a ser una buena persona. Sentí que mi viejo se puso orgulloso.
         Unas noches después vi a mi padre evitar que a unos jóvenes los detuviera la policía, protestaban contra el gobierno existente en aquel tiempo, y como él era militar intercedió por ellos y los acompañó hasta sus casas; los padres agradecidos le juraron que nunca olvidarían aquel gesto de humanidad; él se reafirmó como mi héroe, y creí que su forma de ser era el camino correcto; hacer el bien a los demás. Pasaron varios meses y el gobierno cayó, el pueblo estaba enardecido y esperanzado con el cambio; yo como siempre esperaba ver a mi padre bajarse del ómnibus para salir corriendo a su encuentro. Una tarde vi que lo rodeó mucha gente, le gritaban “esbirro de la dictadura” y lo amenazaban con linchar, él se mantenía sereno y firme como siempre fue, pero con la mano sobre el revólver. Armado con un madero me situé frente a él y le advertí a los extremistas que ese era mi papi. En la turba descubrí a los tres jóvenes que él salvó de la cárcel, quizás de la muerte, junto a ellos estaban sus padres y otros vecinos malagradecidos, además de algunos parientes simpatizantes del nuevo régimen que nos dieron las espaldas. Por suerte apareció en el lugar un militar del nuevo gobierno y dijo que la revolución era justa y aplicaría justicia; no pudieron probarle nada, solo que era una buena persona, muy humanitaria y humilde; pero no obstante a eso lo condenaron a cinco años de trabajo en una granja.
         A partir de aquella amarga experiencia, quedé marcado con la duda de cómo me pagarán las personas que he ayudado y sigo haciéndolo, porque es mejor sembrar flores con amor, aunque estas tengan espinas, que virar la cara al dolor ajeno. Tal vez, la recompensa es que tengo una linda familia, y la conciencia limpia como la tuvo mi héroe hasta el día de su muerte.