LETRAS CON ARTE

Margarita Dimartino de Paoli      Título: ¡Noche de carnaval…!

         Esa noche, era mi debut con mi disfraz, estaba ansiosa por estrenarlo, y las horas parecían haberse detenido, como para que yo sufriera más la espera.
         Pero toda jovencita a los 20 años, se siente embelesada por estrenarse lo que fuera, la cuestión era estrenar lo que a una le gustaba, y yo había elegido como disfraz, el de Bailarina Hindú, porque era exótico, deslumbrante y hasta podría decirse...misterioso. Mi imaginación, hacia que me viera la mejor de todas las chicas de esa noche...y bueno...cosas de niña...¡que supera a la mente que imagina..!
         Mi hermana, en cambio, estaba tranquila y me dijo: -Déjate de hilvanar sueños y vamos a descansar, así a la noche tenemos mejor semblante-. Y como tenía razón, nos fuimos a dormir unas horas, como para que el cansancio no se reflejara en nuestros rostros.
         A eso de las 20 hs. mamá nos vino a despertar, y otra vez mi corazón empezó a latir acelerado. ¡Ahora sí..!...me dije, es de noche...falta poco para que mi sueño se haga realidad. Después de cenar, subí como si tuviera alas... a mi dormitorio, y me sentía feliz...no porque fuera mi primer baile, no, yo siempre iba con mi hermana todos los sábados al club, del cual éramos socias, sino porque ese año me parecía distinto, era en un club muy lindo e importante que yo conocería por primera vez, y eso hacía que me pareciera como si me hubieran tocado con una varita mágica...la de mi imaginación...¡por supuesto..!
         Me acerqué a mi cama, donde estaba extendido mi disfraz y empecé a vestirme.....me puse unos hermosos pantalones satinados tipo bombachas, amplios y abotonados en los tobillos, de color bordó, con arabescos amarillos de trazos muy finitos dibujados en la tela que hacían resaltar el fondo. Luego me puse una larga casaca amarilla también satinada, con dibujos en canutillo negro, mangas japonesas y escote en v, resaltando la misma, una linda puntilla ancha de color negro que bordeaba la casaca, como un detalle de hermoso contraste. Colgué sobre mi cuello, un llamativo colgante de strass, que completaba armoniosamente mi escote.
         Sobre mi cabeza, tal cual lo usan las bailarinas hindúes, extendí un gran velo de tul rojo, que caía sobre mi espalda, mientras que las puntas del mismo seguían mis brazos, enganchándose cada una en una pulsera blanca de una mano, en una pulsera roja de la otra haciendo que en mis movimientos el velo se moviera armoniosamente. Y en el dedo mayor de una mano, donde tenía el anillo, sujeté en el mismo, como si fuera un pañuelito, un pedazo de tul verde, que pendía coquetamente. Me miraba al espejo sonriente mientras daba a mi disfraz el toque final...y sujetando sobre mi pelo una hermosa diadema de strass, cuyo brillo resaltaba con mi pelo negro, tomé un velo de tul verde y lo extendí sobre mi rostro, de oreja a oreja sobre mi nariz, y aprisionado ambas puntas con unos grandes aros colgantes de perlas y strass, quedando solamente mis ojos al descubierto, como para ponerle un punto final al sugestivo y misterioso encanto, de una bailarina Hindú.
         Me mire nuevamente al espejo y le pregunté a mi hermana: -¿Qué te parezco así vestida..?...¿Gustaré...?.
         -¡Ay Beatriz..! ¡Beatriz...! ¡Cuantas veces voy a decirte que estás originalísima con ese disfraz...!.
         -Vos también estás linda con tu disfraz de española -le dije a mi hermana. Y juntas bajamos, sonriéndonos mutuamente, al llamado de mamá.
         Rita y Marisa, que ya habían llegado a casa, mi hermana y yo subimos al coche que guiaba nuestro chofer, y en el de atrás, nuestras madres seguían emocionadas a sus respectivas hijas. Al fin llegamos al club y mientras esperábamos el arribo del otro coche, nos pusimos a mirar la cantidad de público que ingresaba al mismo, y por ende... ¡a los muchachos...!.
         De pronto vi a un muchacho alto, de pelo negro y ondulado, de bigotes, que fumando un cigarrillo, se acercaba a la puerta del club, con un señor mayor que lo acompañaba, y tomando del brazo a mi hermana le dije – ¡Nelly...! ¡ Nelly..!...mira... ese es el hombre de mi vida, sino bailo con él...¡no bailo con nadie...!
         -¡Oh...! pero que exagerada sos Beatriz -dijo mi hermana Nelly. -¡Con todos los muchachos que hay, fíjate lo que vas a decir...!.
         Pero, decidida en lo que había dicho, le dije: -¡Si me ves bailar con él... no pienses que hice nada incorrecto...!
         Pero mi hermana se rió de mí... y dándome un empujoncito, me invitó a entrar, ya que nuestras madres habían llegado y tenían las entradas. Lo primero que hice, fue seguir con la mirada a ese joven tan atractivo para ver donde se ubicaba, y les pedí a mi hermana y amigas que nos ubicáramos delante de él y aceptaron.
         Y ahí empezó mi odisea, los muchachos se acercaban a cada rato para invitarme a bailar, y a todos le decía que no... Que no, y pensaba que a lo mejor por tanto decir que no...el joven que permanecía sin bailar y charlando con ese señor, iba a pensar que no quería bailar.
         Luego salió a bailar mi hermana y al ratito mis dos amigas, y me quede sola, pero firme en mi idea, a pesar que los muchachos me cargaban, diciéndome: -¡Salí a bailar conmigo, que te dejaron esperando!-. Y sonriéndoles, les decía que no.
         Ya llevaba más de media hora diciendo lo mismo, hasta que de repente escuché una voz que decía tras un micrófono, y dirigiéndose al público: -Córranse al medio de la pista de baile, que vamos a organizar un juego muy lindo.. ¡El baile de la silla...!-. Todos se corrieron y él también, pero yo me quede quieta, esperando ver donde se ubicaba ese muchacho, que me había flechado de tal forma. ¡Y ahí lo vi, estaba parado junto a ese señor, delante de un banco tipo plaza y fumando...fumando...!. Entonces, sin que el me viera, me ubiqué arriba del costadito del banco quedando parada detrás de él, cuando de pronto, la misma voz del micrófono gritó: -¡Falta una pareja..! ¡Falta una pareja..!          De pronto, el muchacho se dio vuelta hacia mí ¡y me invitó a bailar...! Cual no sería mi emoción, que nada menos le contesté: -¡No hay por qué....gracias...!- en lugar de decirle ¡ Sí...!
         Pero él como sino hubiera escuchado, me tomó de la mano y me sacó a bailar. Al llegar al centro de la pista, la voz que dirigía a las parejas dijo: -Tómense del brazo y den una vuelta hasta que empiece la música-. Y así lo hicimos, hasta que sin haberlo propuesto, pasamos delante de mi hermana, que estaba mirando y vi como ella se sonreía y me aplaudía.
         Y bueno, fuimos los últimos en entrar a la pista y los primeros en salir al finalizar la música. El juego consistía en poner diez sillas y once parejas, y al interrumpir la música de improviso, cada pareja tenía que conseguir una silla y el que se quedaba sin ella, debía salir de la competencia.
         Mientras caminábamos y charlábamos, yo me preguntaba ¿Cómo había visto que estaba detrás de él..? ¿En qué momento giró la cabeza..? ¡No podía preguntarle nada, porque sino tenía que descubrir mis pensamientos y eso no lo iba hacer...!.
         La música nos deleitaba con sus compases tangueros, y él bailaba muy bien el tango, y yo no me quedaba atrás, tan bien nos llevábamos, ¡que parecía que éramos pareja de baile desde hacía tiempo...!
Un vals nos acarició con su ternura, girábamos, girábamos y luego un bolero tejió su red de encantos, diciendo las más hermosas palabras de amor. La noche cómplice de tanto embeleso, se las ingenió para ser la más bella, de las bellas noches, con su cielo inmenso cuajado de estrellitas brillantes, que incitaba al romanticismo.
         Y Dios, que desde el cielo espía, nos tocó con su varita mágica, y se obró el milagro del flechazo mutuo y así nació el amor maravilloso de dos almas, de dos seres que impensadamente, por un lado, y pensadamente, por el otro, (yo) tejieron el romance más profundo y duradero, presa de la ingenuidad y picardía, de una dulce jovencita que se propuso cautivar al hombre de sus sueños...!