LETRAS CON ARTE

Ramon González Reverter      Título: Lamentos náuticos

         Soy un joven guerrero de noble linaje, talante altanero y recia figura. Pese a mostrarme hierático con un donaire impasible, mi expresión es entre risueña y burlona. Años ha el gremio de artesanos me cinceló con esmero a partir de una sólida plancha de roble, que luego un pintor naval se afanó en embellecer con filigranas sin parangón. Lo cierto es que rezumo gallardía por doquier. Luzco una larga melena castaña sujeta por una cinta roja. Mi atuendo sigue la moda de antaño, a la sazón, una camisa blanca de manga larga, oscuros calzones ligados por un cinturón y zapatos a juego con hebillas doradas. Viajo a proa, bajo el bauprés de un bajel, una posición harto embarazosa que parece capear los elementos, tanto la bravura del mar como la fuerza del viento. De hecho, surco las aguas ligeramente escorado hacia delante con la mirada fija en el horizonte, con garbo pese a la precaria ingravidez en claro desafío a los rigores del tiempo. Llevo los brazos pegados al cuerpo, el derecho sobre el pecho a la altura del corazón y el izquierdo reposando en el pomo de mi espada. Si bien es cierto que navego con lozanía, soy consciente de mi maltrecho cariz debido al salitre de las olas que lamen mi fisonomía. El desangelado aspecto que hoy ofrezco, contrasta con la bizarra estampa que antaño embelesaba a propios y extraños. Si gozara del favor del capitán, mi desaliño mejoraría, pues bastaría con solo retocar la desconchada pintura y los resquicios del maderamen. Sin embargo, huérfano de cariño a raíz de sus penurias económicas, debo guardar silencio soportando con estoicismo el embate del oleaje y la furia del cierzo y la tramontana. Así retozo, lastrado en obligado cautiverio, que lejos de apaciguar la congoja que me aflige, hunde, más aún si cabe, mis ya de por sí alicaídos ánimos. No obstante, haciendo gala de temerario desdén, me mantengo firme, arrostrando el peligro con arrojo y tesón, pues soy hijo del viento y del mar. En dicha postura, harto fastidiosa, aspirando aromas de libertad, encaro mi destino con resolución, porque soy… el alegórico mascarón de proa de un bergantín, a mucha honra, que efectúa travesías de cabotaje entre varios puertos de levante y de mis lamentos el mar es el único testigo.