LETRAS CON ARTE

Rosa Francés Cardona      Título: La carta

         Aquella noche, aquella maldita noche, por decirle de alguna manera, fue donde perdió para siempre la inocencia Matilda (no es su nombre real, pero la llamaremos así) su madre había salido y tardaba más de lo habitual; cosa que Matilda aprovechó para revolver entre los papeles y viejas fotografías de su madre; entonces al fondo del todo la encontró:
         Una carta de amor, por decirle de alguna manera: Amor mío;
         Acabo de saber que has tenido una niña, yo sigo trabajando en Suiza y no podré verte en bastante tiempo, cuando tenga dinero para comprarte todo lo que mereces iré allí para estar contigo siempre.
         No puedo decir que la llegada de esta niña me alegre, somos muy jóvenes y la verdad es que no entraba en mis planes.
         Tendrás que hacerte cargo de ella hasta mi llegada. Espero que no le hayas contado a nadie que es hija mía; mis padres no podrían soportar esa humillación, ya que son muy mayores.
         ¡No sé cómo se te ha ocurrido tenerla! Hubieras podido esconder el embarazo y luego tirarla al pozo abandonado que hay cerca de donde nos veíamos y nadie se hubiera visto humillado por esto.
         De todas formas amor, sigue guardando el secreto y cuando vuelva veremos la forma de decírselo a mis padres, tal vez pueda decir que te quiero tanto que da igual lo de la niña y nos den permiso para casarnos. Sobre todo, espera, pronto tendré dinero para hacer realidad nuestros sueños.
         Hasta pronto.
         Matilda lloraba con la carta en la mano, cuando llegó su madre y la vio, no dijo nada, solo se sentó en el suelo a su lado y la acaricio hasta que logro calmarla. Con su mirada vidriosa interpelaba a su madre.
         ─Matilda, esa carta es de tu padre. Antes eran otros tiempos, estaba mal visto. Sin embargo tu abuela fue muy valiente, me enseñó a llevar la cara siempre bien alta y hacer oídos sordos a malas palabras, cosa que era muy normal entonces, aprendí a olvidar a quien nunca estuvo a nuestro lado; después de esa carta nunca más supe de él y tampoco quise.
         Entonces comprendí la dureza de mi madre, el origen de la tristeza de sus ojos y la sensación de soledad que siempre sentía a su alrededor.
         Esa noche de verano encontré el camino a su corazón, por mucho tiempo cerrado para evitar su dolor.