LETRAS CON ARTE

María Dolores Urrestarazu González      Título: Aquel tres de noviembre de 1918

Vino al mundo una linda bebé malagueña,
fruto bendito del amor entre Antonia y Aníbal,
colmándoles de inmenso regocijo y felicidad.
Por desgracia, ella sólo pudo ejercer de madre
de su amada hijita durante dieciocho meses.
Pero a la pequeña Lola le inculcó su padre,
que desde el Cielo la protegía siempre, siempre.
Quiso Dios ofrecerles una segunda oportunidad.
Aníbal junto a Luisa fundaron un nuevo hogar.
Nacieron Luis, Manuel y Carmen, para alegría
de Lola, encantada de hacer de hermana mayor.
En el aspecto sanitario fueron tiempos durísimos,
las circunstancias volvían a golpearles sin misericordia.
En plena adolescencia y en el transcurso de tres años,
Lola perdió a su padre, su hermana y su madrastra.
Una década después estaba completamente sola,
pues con dos años escasos de diferencia entre ellos,
Luis y Manuel también se marcharon de este mundo.
Huyó de tal panorama de pesadumbre y zozobra,
gracias a su encomiable espíritu de superación,
haciendo lo que su padre antes de morir le pidió:
no abatirse y mirar hacia adelante siempre, siempre.
Lo logró abriendo una tercera y concluyente etapa,
al casarse con Antonio, viudo con dos hijas y un hijo.
No faltaron desvelos y trabajo en aquel nuevo hogar,
llevando además a buen puerto un embarazo, dos, tres,
y así hasta siete, completando la decena de vástagos;
doce personas por tanto, incluyéndoles a ellos dos,
bajo sus ímprobos cuidados y ¡con primitivos medios!
Afortunadamente acabaron las muertes prematuras,
España progresó y también esta familia, practicando
el mandato divino a Noé: “Creced y multiplicaos”.
Felizmente pudieron coexistir cuatro generaciones.
Hoy, al producirse el centenario de su nacimiento,
emergen en todos y cada uno de sus descendientes,
muy gratos recuerdos de los que ella era protagonista;
especialmente las entrañables fiestas de cumpleaños,
que se vinieron celebrando desde que cumplió ochenta.
Se gozaba viéndola disfrutar como una quinceañera
los días anteriores y los posteriores a la celebración.
Poniendo la imaginación en marcha, es fácil evocarla
pasando por todas las mesas con su donaire habitual.
Desde hace ya tres años el banquete es celestial,
rodeada de sus seres queridos de “Vida Eterna”.