LETRAS CON ARTE

Miguel Aguado Miguel      Título: Las caras del mar


I

Son las cinco, el aurora se engalana
su chilaba color rosa, plisada
del armario retira, viste ornada:
sosegadas la albada y la mañana.

Del calor mi sudor forzado mana,
los goterones corren por mi dorso,
se acumulan al talle de mi torso;
sudando; así transcurre la mañana.

Las once; acudo ansioso darme un baño.
Mansa la mar parece estar dormida,
para mi calor tierra prometida,
sus olas incapaces causar daño.

Con placer me sumerjo en su regazo,
su frescor mi calor calma y ampara,
sereno su ademán; brinda agua clara,
jugar y disfrutar puedo el gustazo.

Inmensa la llanura que me ofrece,
ni se inmuta si fuerte chapoteo,
su calma no se altera si braceo,
su cálido frescor mucho apetece.

Tórridos varios días desfilaron,
la mar siempre dormida me esperaba,
al verme llegar, creo, se alegraba,
y mis carnes a diario refrescaron

II

Ráfagas de un murmullo, al acercarme,
escucho de las olas cuando rompen,
en el llano las ondas se corrompen,
blanca espuma en las crestas al bañarme.

A la orilla del mar las olas vienen,
regresan a la mar. Con la siguiente
que llega sus pies chocan. Accidente.
Olas crecen, sus centros se detienen,

la cabeza adelanta, se derrumba,
en linda blanca espuma se transforma,
corre sobre el arena, se deforma,
reconoce el fracaso, más se arrumba.


Ola tras ola vienen pertinaces
en cada intento nuevo es su fracaso,
pero siguen constantes, no hacen caso,
atacan insistentes, más audaces.

Me acerco; quiero el agua me remoje.
Retrocedo, ola llega bravucona
sobre arena cabalga de amazona,
su ímpetu, furia, arranque espero afloje.

Las leyes son las leyes. Las respeta.
Mar, agua, raya, playa, arena y tierra;
en libertad se mueve, al suelo aterra;
al límite regresa, en calma aquieta.

Nuevamente comienza, está impaciente,
el ruido de sus olas jamás cesa,
de ansias de libertad está posesa,
impetuosa se agita ante la gente.

En pie sobre la orilla al horizonte
inquiero; la mirada al fin no llega,
la llovizna de altano vista ciega;
cien ovejas paciendo van al monte.

III

En la playa las gentes el sol toman,
las olas les arrullan, más descansan,
leen un libro al sol. Pronto se cansan.
Algunos juegan y sus nervios doman.

Incapaz de sentarme deambulo,
camino por arena húmeda y dura,
firme y compacta sirve de andadura,
las olas me fascinan. Disimulo.

Hoy trazó la mar una blanca raya,
detrás son sus dominios. Prepotente.
Pasmada la traspasa escasa gente.
La mayoría gusta de la playa.

Cuadrillas y parejas del mar gozan,
donde rompen las olas llevar dejan,
fuerzas del agua lejos los despejan;
contracorrientes crueles sus pies hozan

El rompiente sorprende al descuidado,
se ve en un mar de espuma sumergido,
por el suelo arrastrado y agredido;
con mimo el mar su cuerpo ha acariciado.

Raudo y justo de tiempo se endereza,
nueva ola lo empuja, al suelo lanza,
sobre su cuerpo a tierra el agua avanza.
Retrocede. Lo trata con crudeza.

IV

Me decido asaltar dicha barrera,
jugaré con la mar y con sus olas,
pugnaré con el viento, él y yo a solas;
el agua enredará tras la frontera.

Miro al mar frente a frente. Desafío.
Olas vienen y marchan insolentes;
valiente me aproximo a sus rompientes,
golpea a mi cadera; desvarío.

Su brutal golpe aguanto, me sostengo;
su furor disminuye, retrocede,
arrastrar, socavar mis pies procede,
mudar mis pies obliga, me mantengo.

Amenazante nueva masa crece,
ante mí la ola aumenta majestuosa,
impunemente avanza codiciosa;
ignoro de do fuerzas se abastece.

Dos masas de agua nuevamente chocan,
su pared vertical casi a mí avanza,
momento justo, el cuerpo audaz se lanza,
sus fronteras conmigo ya se enrocan.

Atrás la turbulenta y blanca espuma,
delante la mar pura y despiadada
exhibiendo su fuerza almacenada,
imponiendo las fauces de cruel puma.

Fuerte braceo. Huyo de quebrantos,
la cresta sobrepaso, me hundo al valle,
dos altos muros marcan ancha calle,
en su seno sepultan sus encantos.

Nueva ola viene, nueva cresta paso,
las aguas del mar creo que domino,
en revoltosas aguas alucino,
crestas varias escalo y las rebaso.

En el inmenso mar perdido estoy,
veo olas y más olas con sus crestas,
algunas blancas peinan sus florestas.
Infinidad de cielo y tierra hoy.

Me vuelvo. Nado en plancha, boca arriba.
El cielo, sólo cielo de azul veo,
lo tiznan blancas nubes en meneo,
el viento las arrastra a la deriva.

Borbotones de luz ciegan mis ojos,
en rutina monótona se caen,
en su armonía juntos me distraen,
arrúllanme las olas con despojos.

Mis ojos cierro. Sueño. De pequeño
en la feria montaba a caballitos,
subían y bajaban, ¡qué bonitos!
sólo con verlos era ya un ensueño.

¡Qué tiempos siendo niño!, ¡qué risueños!
Bellos amaneceres sonrosados,
días enteramente soleados,
y ocasos con colores de diseños.

Lucía el día eterna primavera,
navidades recuerdo venir blancas,
árboles con miradas siempre francas,
de flores presumía la pradera.

V

Expertos nadadores escasean,
cuando la ola me encumbra en su atalaya
doy la vuelta, lejana está la playa;
las olas vivarachas me flirtean.

Emprendo mi regreso. La resaca
mar adentro me empuja, y llevar quiere
do el infeliz lejano en la mar muere.
Braceo. La corriente no se aplaca.

Me dejo llevar. Libre la corriente
jugar conmigo quiere. Adentro empuja.
Con sus olas y espuma más me embruja.
Imposible salir, aunque lo intente.

Refrescante mar, ¡cuánto traicionera!,
juguetona a quien llega lo diviertes,
en féretro amistoso te conviertes,
con tus trampas acechas, ¡embustera!

Quieto, engañar pretendo a sabia mar;
sobre el dorso tumbado me preparo,
a la costa afín nado, nada raro,
salgo de la resaca y su arrastrar.

Al agua de mar noto hacerse amiga;
mis nervios tranquilizo. Mi sofoco
calmo. Sin prisas nado poco a poco;
sigue jugando el mar. No me atosiga.

Encima de la cresta en litoral
bandera veo lejos y amarilla;
el socorrista bajo la sombrilla
vigila atento todo el arenal.

Hoy largo fue mi baño. Canso acabo.
La playa piso. Nadie en mí repara.
Tomé un baño normal. La mar malpara.
En la arena sentado fuerzas trabo.

A la siguiente aurora mar tranquila
con sus olas dormidas me recibe,
bandera verde el baño no prohíbe,
en la orilla la mar suave titila.

Así día tras día la mar brava,
así noche tras noche la mar mansa,
en la arena la gente ya descansa,
o sus pies caminando la ola lava.

VI

Varios meses han sólo transcurrido,
amaneció con viento huracanado,
fragor nos viene del acantilado,
gritan al paso hilos del tendido.

Las gaviotas luchando se defienden,
las aves no sé donde calma esperan,
en lugares seguros se atrincheran
los hombres. De recuerdos fotos prenden.

La mar enfurecida y enfadada,
molesta de asistirnos de sirvienta
su cara enfierecida nos presenta
dispuesta a arremeternos su cruzada.

Con rabia y arrebato frunce el ceño,
jamás su cara vi tan enojada,
ni peinar cabellera alborotada,
ni embestir tan tenaz y terco empeño.

Grandes olas, altura colosal,
en procesión caminan, insolentes,
engreídas, de castas combatientes
atajan con poder descomunal.

Un barco en medio de olas encrespadas
anclas echa, y aguanta el balanceo,
soportar debe el fuerte bamboleo;
vientos peinan melenas desgreñadas.

Las olas con fuerte ímpetu progresan,
se incrementan, navegan, todo arrasan,
resistencias inútiles fracasan,
a su paso resuelto todo apresan.

Valiente el promontorio las espera,
brinda a su audaz avance diestro pecho;
temerarias decaen en deshecho,
de su orgulloso paso se apodera.

Mil gotas de agua saltan altaneras,
todo su fuerza bruta aguas eleva,
el viento huracanado se las lleva,
deposita a caprichos por trincheras.

Los estampidos sordos me estremecen,
contra riscos las olas se quebrantan;
copiosas masas de agua se levantan,
de los demás consuelos palidecen.

Vendavales transportan los estruendos
por voces y silbidos coreados,
por recios aguaceros escoltados,
a tierra quiere el mar sembrar remiendos.

Donde la tierra suave a la mar llega,
hoy belicoso el mar con tierra lucha,
asalta, invada, la domina, achucha,
por doquier insistentemente brega.

Prepotente, engreída, jactanciosa
rompe, destruye cuánto encuentra al paso
que su caminar frena, y causa atraso,
todo en tierra esclaviza poderosa.

Hoy el mar no respeta convivencias;
quienes feudos del mar acapararon,
al mar de sus dominios desterraron,
debieran devolver sus pertenencias.

Justiciero lo suyo el mar reclama,
piedras y arena arroja en sus parcelas,
requiere lo usurpado en corruptelas,
señora de su predio se proclama.

Mar y viento sus fuerzas unen, atan,
sin querer los destrozos ocasionan,
adueñarse tan sólo ambicionan,
pero rabia y furor los arrebatan.

Por vez primera pisa un cementerio,
panteones inunda los primeros,
por los sepulcros busca marineros,
a la muerte saquea del imperio.

Las aguas contra el muro colisionan,
rompen la débil puerta de los nichos,
conceden rienda suelta a sus caprichos,
féretros con sus muertos abandonan.

En procesión ascienden a los cielos,
en picado descienden al abismo,
por el camino hacia el cataclismo;
vientos de crestas tienden densos velos.

Sobre las aguas buscan el camino,
perdieron los antiguos derroteros
que años hace trazaron marineros
seguros de su rumbo y su destino.

Sarcófagos navegan limpiamente,
marineros valientes temerarios
que a los mares vinieron voluntarios
incluso muertos vagan falsamente.

Cruel la mar contra vivos se subleva,
nada respeta, todo les destroza;
de su tristeza el agua se alboroza,
a sus seres queridos se los lleva.

Dolor, resignación, gran impotencia
embarga a corazones desgarrados,
en la desgracia hundidos, anegados,
se enfrentan de opulencia a su carencia.

Esperan con paciencia todo pase,
el tiempo cicatrice su amargura,
brille el arco iris, luzca su hermosura,
escuchar dulce voz, oír tierna frase.