LETRAS CON ARTE

Francisco Javier Torres Gómez      Título: Alba y negro


Tinta blanca sobre negro azabache;
niebla que se concreta en granizo
y, formando parte del hechizo,
cubre montañas y valles
disimulando cada palmo de terrizo
bajo su capa protectora:
caperuza sobre la cumbre
y fuego que presta lumbre
blanca a su raíz boscosa
cuando se extiende silenciosa
la casulla de alba,
de hermoso algodón,
sobre el negro corazón
de la montaña cuya ladera
sirve de enredadera
al jinete que cabalga
raudo; Y su corazón
se desboca sabiéndose alud
con ansias de pradera.
Es el invierno que corre
para hacerse primavera
antes de que el tiempo se agote
y la torre
infinita, se pierde en el cielo
guardando entre sus muros
los minutos, un mundo
y los anhelos
del hielo, que por ser el primero
en ganar la carrera
deja tras de sí una estela
de blancos reproches.
Así se muere el frío.
Así muere la noche.
Así se aboceta el estío
que es silencio
hasta que le sea la palabra concedida.
Muerto el invierno,
gana la luz la partida.
Pero ¿acaso no hay vida
en la infinita y nívea esencia?
Es cuestión de paciencia
sentarse a contemplar
los colores que en la paleta
se comienzan a mezclar
hasta conformar la perfecta
llama. No arde,
y en actitud cobarde
languidece
y con el tiempo desaparece
esperando su momento.
La montaña se torna fría
y no concede opción al día
para pintar con su tinta
sobre la superficie extinta
de su falda…
Alba y negro. Negro y alba.
Son los signos del invierno
que aspira a ser eterno
y parece que no se acaba…